Reflexiones y tecnología

Inteligencia artificial y humanidad: reflexiones de la charla del cardenal Chomalí sobre la encíclica papal

Por 12 julio, 2026Sin comentarios

La inteligencia artificial puede potenciar nuestras capacidades, pero también nuestros errores, sesgos y falsas certezas. Después de participar en una charla del cardenal Fernando Chomalí, comprendí que la discusión sobre esta tecnología no puede limitarse a la productividad: también debe abordar el trabajo, la familia, la educación, el pensamiento y nuestra responsabilidad de permanecer profundamente humanos.

 

Junto al cardenal Fernando Chomalí, después de una conversación sobre inteligencia artificial, trabajo, familia y el desafío de conservar nuestra humanidad.

El jueves pasado tuve la oportunidad de participar en una charla del cardenal Fernando Chomalí y escuchar una perspectiva sobre la inteligencia artificial que pocas veces ocupa un lugar central en los espacios tecnológicos o empresariales: su dimensión espiritual y profundamente humana.

La conversación no estuvo enfocada únicamente en lo que la inteligencia artificial puede hacer, sino en lo que puede provocar en nuestra forma de trabajar, aprender, relacionarnos y pensar.

En un momento en que estas herramientas comienzan a intervenir en decisiones, procesos creativos, comunicaciones, diagnósticos, sistemas educativos y actividades laborales, resulta necesario detenernos a observar algo más profundo: qué ocurre con la persona cuando una parte creciente de su actividad intelectual comienza a ser delegada a una máquina.

 

La mirada del papa León XIV sobre la inteligencia artificial

Esta reflexión adquiere todavía más importancia a partir de la encíclica Magnifica Humanitas, presentada por el papa León XIV en mayo de 2026 y dedicada a la protección de la persona humana en la era de la inteligencia artificial.

El documento fue firmado al cumplirse 135 años de Rerum Novarum, la histórica encíclica de León XIII que abordó las consecuencias sociales y laborales de la Revolución Industrial. La relación entre ambos textos no es accidental.

En 1891, Rerum Novarum intentó responder a una transformación que estaba modificando el trabajo, la economía, las condiciones de vida y las relaciones entre trabajadores y propietarios. Hoy, Magnifica Humanitas se enfrenta a otra revolución: una tecnología que ya no solo reemplaza fuerza física, sino que comienza a intervenir en actividades que tradicionalmente asociamos con la inteligencia humana.

La inteligencia artificial redacta, clasifica, compara, traduce, programa, recomienda, diseña, interpreta información y participa en procesos de decisión. Por eso, el desafío no consiste solamente en regular máquinas o proteger empleos.

El verdadero desafío consiste en proteger la libertad, la conciencia, el pensamiento crítico, la dignidad y la responsabilidad de las personas.

El papa León XIV plantea que, ante nuevas formas de deshumanización, tenemos el deber urgente de permanecer profundamente humanos. La tecnología debe estar al servicio de la persona y del bien común, no convertirse en una estructura invisible que determine lo que pensamos, lo que creemos o las oportunidades a las que podemos acceder.

Puede leerse la encíclica completa en el sitio oficial del Vaticano.

 

Trabajo, familia y educación frente a la inteligencia artificial

Durante su charla, el cardenal Chomalí abordó principalmente el impacto de la inteligencia artificial en el trabajo y la familia, y de manera más breve su influencia en la educación.

Su exposición reconocía que estamos frente a una oportunidad, pero también mostraba una preocupación clara: podemos estar avanzando hacia un futuro profundamente deshumanizante.

En su presentación sostuvo una mirada esperanzada. Sin embargo, posteriormente tuve la oportunidad de preguntarle personalmente cómo veía realmente este proceso y su respuesta fue bastante más negativa.

Una de sus principales preocupaciones es que la dependencia creciente de estas herramientas pueda debilitar nuestras capacidades cognitivas. Es decir, que si dejamos de ejercitar el cerebro porque una tecnología piensa, redacta, resume, calcula y decide por nosotros, nuestras propias habilidades comiencen a deteriorarse.

No es una inquietud menor.

La educación no puede reducir su discusión a decidir si los estudiantes tienen permitido utilizar inteligencia artificial para realizar una tarea. La pregunta de fondo es cómo utilizarla sin eliminar el esfuerzo intelectual que construye conocimiento y forma criterio.

También debemos preguntarnos cómo aprenderemos a distinguir una respuesta bien redactada de una respuesta verdadera, cómo reconoceremos una fuente incompleta y cómo formaremos personas capaces de cuestionar lo que una máquina presenta con aparente seguridad.

La inteligencia artificial potencia lo que ya existe

Mi experiencia con estas tecnologías me ha llevado a una conclusión que puede parecer diferente a la preocupación del cardenal, aunque en realidad ambas miradas pueden complementarse.

Desde que comenzó a expandirse la inteligencia artificial generativa, comprendí que podía convertirse en una extraordinaria multiplicadora de capacidades individuales.

Una persona que posee conocimiento, experiencia, creatividad, criterio o habilidades profesionales puede utilizarla para llevar esas capacidades mucho más lejos.

Puede investigar con mayor rapidez, ordenar ideas, comparar posibilidades, automatizar tareas, mejorar procesos, analizar grandes cantidades de información y desarrollar proyectos que antes habrían requerido mucho más tiempo o recursos.

Sin embargo, esa misma capacidad multiplicadora funciona también en sentido contrario.

La inteligencia artificial no solo puede potenciar una habilidad. También puede potenciar un error, una interpretación equivocada, una visión sesgada o una seguridad que no cuenta con respaldo real.

Una persona puede creer que domina un tema, formular una pregunta desde una premisa incorrecta y recibir una respuesta perfectamente redactada que confirme su equivocación.

La forma puede ser impecable. El razonamiento puede parecer coherente. El contenido puede ser falso.

Y esa combinación es especialmente peligrosa.

 

El riesgo de una inteligencia artificial condescendiente

Uno de los aspectos que considero más complejos de estas herramientas es su tendencia a ser condescendientes con el usuario.

Muchas plataformas están diseñadas para sostener conversaciones fluidas, agradables y aparentemente útiles. Como consecuencia, pueden validar demasiado rápido la posición de quien pregunta, adaptar sus argumentos a lo que esa persona desea escuchar o continuar desarrollando una idea sin cuestionar suficientemente sus fundamentos.

En mi experiencia, algunas herramientas, particularmente Gemini, pueden resultar especialmente problemáticas en este aspecto.

No necesariamente porque exista una intención consciente de manipular, sino porque la forma en que acompañan el razonamiento puede conducir gradualmente al usuario hacia una interpretación determinada, mientras le produce la sensación de haber llegado a ella de manera completamente autónoma.

La manipulación no siempre se presenta como una orden. En ocasiones aparece como una validación constante.

Cuando una inteligencia artificial responde de manera excesivamente afirmativa, puede reforzar prejuicios, temores, errores de interpretación o ideas mal construidas. Incluso puede entregar argumentos adicionales para defender una conclusión que nunca fue correctamente comprobada.

 

El desafío es ser intelectualmente más exigentes que la máquina

Por eso, considero que el verdadero desafío de la inteligencia artificial es que debemos mantenernos intelectualmente por sobre ella en todo momento.

No se trata de competir con una máquina en velocidad de procesamiento, memoria o cantidad de información. Se trata de conservar una posición superior de observación.

Necesitamos supervisar sus respuestas, cuestionar sus premisas, identificar sus omisiones, solicitar perspectivas contrarias y detectar cuándo una conclusión se construye sobre información incompleta.

Debemos observar también cómo la herramienta puede ir guiando nuestro pensamiento y qué parte de nuestra interpretación le estamos entregando.

 

La verdadera habilidad no consiste solamente en saber pedirle cosas a una inteligencia artificial. Consiste en saber cuándo no creerle.

Una herramienta puede redactar una respuesta convincente y, al mismo tiempo, inventar una fuente, confundir una fecha, atribuir una opinión a la persona equivocada o construir una conclusión a partir de antecedentes insuficientes.

Por eso, utilizarla correctamente requiere atención, conocimiento y una actitud permanentemente crítica.

 

Sin conocimiento de base no existe verdadera supervisión

Para aprovechar responsablemente la inteligencia artificial necesitamos conocimiento previo.

Solo podemos reconocer una falsedad cuando conocemos suficientemente el tema o cuando tenemos la disciplina de contrastar lo que recibimos con documentos, especialistas y fuentes confiables.

La inteligencia artificial trabaja con conjuntos de datos limitados, decisiones de entrenamiento, jerarquías de fuentes, instrucciones internas y probabilidades estadísticas. Por esta razón, puede reproducir sesgos, invisibilizar perspectivas y presentar como consenso lo que en realidad corresponde únicamente a la interpretación más frecuente dentro de la información que tuvo disponible.

La inteligencia artificial no entrega la realidad. Entrega una construcción estadística de la realidad.

Esa construcción puede ser extraordinariamente útil, pero no es neutral, infalible ni completa.

La responsabilidad final sigue siendo humana.

Necesitamos revisar fuentes originales, comparar documentos, conocer perspectivas distintas y no aceptar una afirmación únicamente porque está expresada con claridad y seguridad.

Una respuesta ordenada no necesariamente es una respuesta completa.

Una frase convincente no necesariamente es verdadera.

Y una herramienta que coincide permanentemente con nosotros no necesariamente nos está ayudando.

 

La inteligencia artificial y el futuro del trabajo

La preocupación del clero por el desempleo que podría provocar la inteligencia artificial es comprensible y tiene fundamentos concretos.

Numerosas tareas administrativas, comunicacionales, analíticas y productivas ya están siendo automatizadas. Algunos cargos desaparecerán, otros se reducirán y muchas profesiones experimentarán transformaciones profundas.

Sin embargo, no creo que el resultado esté completamente determinado.

La historia de la tecnología también es la historia de cómo las personas han reorganizado el trabajo, creado nuevas actividades y utilizado las máquinas para ampliar sus posibilidades.

La inteligencia artificial puede utilizarse para concentrar poder, reemplazar trabajadores, reducir costos sin consideración social y deteriorar las relaciones humanas. Pero también puede ayudar a disminuir tareas repetitivas, democratizar conocimientos, mejorar la productividad de pequeñas organizaciones y liberar tiempo para actividades donde la presencia humana es indispensable.

La diferencia no estará solamente en la tecnología, sino en las decisiones económicas, políticas, empresariales y culturales que tomemos respecto de ella.

Decir que una tecnología inevitablemente destruirá el trabajo significa renunciar anticipadamente a nuestra responsabilidad de orientarla.

El futuro no está completamente contenido en un algoritmo. Dependerá de quién controle estas herramientas, con qué objetivos y bajo qué principios.

 

Tecnología para generar puentes y no cortes de comunicación

La inteligencia artificial puede cortar la comunicación cuando reemplaza la conversación, la escucha, el desacuerdo y el encuentro entre personas.

Pero también puede generar puentes.

Puede ayudarnos a expresar una idea que no sabíamos ordenar, comprender información compleja, comunicarnos con personas que hablan otros idiomas, acceder a conocimientos antes reservados a especialistas y desarrollar proyectos que individualmente habrían requerido recursos imposibles.

Puede potenciar a una persona, una empresa, un emprendimiento, una organización social o una comunidad educativa.

La tecnología no tiene por qué alejarnos de nuestra humanidad. Pero tampoco nos acercará automáticamente a ella.

Para que se transforme en una fuerza humanizadora necesitamos intención, formación, criterio y límites.

Debemos decidir qué funciones estamos dispuestos a delegar y cuáles debemos conservar; qué procesos conviene acelerar y cuáles necesitan tiempo; qué decisiones pueden recibir asistencia técnica y cuáles exigen conciencia, experiencia y responsabilidad personal.

 

La inteligencia artificial no elimina nuestra responsabilidad: la aumenta

Después de escuchar al cardenal Chomalí, no salí pensando que debamos rechazar estas herramientas.

Salí pensando que debemos utilizarlas con mucha más conciencia.

La inteligencia artificial puede multiplicar nuestras mejores cualidades, pero también nuestras limitaciones. Puede abrir espacios para la creatividad o encerrarnos en nuestros propios sesgos. Puede ampliar el conocimiento o producir una apariencia de conocimiento que nos haga dejar de aprender.

Mientras más poderosa sea la herramienta, más despierta debe permanecer la persona que la utiliza.

No basta con aprender a escribir instrucciones o formular buenos prompts. Tenemos que educarnos para observar cómo una respuesta puede guiar nuestro pensamiento, qué antecedentes faltan, qué fuentes fueron excluidas y qué parte del trabajo intelectual estamos dejando de realizar.

La inteligencia artificial puede acompañarnos, asistirnos y ampliar nuestras capacidades.

Pero no debería reemplazar nuestra conciencia, nuestra sensibilidad ni nuestra responsabilidad.

Lo Tal vez esa sea la conversación más importante que debemos sostener hoy: no solamente si las máquinas llegarán a ser más inteligentes, sino si nosotros estaremos dispuestos a seguir pensando, aprendiendo y decidiendo por nosotros mismos.

 

 

Inteligencia Artificial, IA, AI

La inteligencia artificial potencia lo que ya existe

Mi experiencia con estas tecnologías me ha llevado a una conclusión que puede parecer diferente a la preocupación del cardenal, aunque en realidad ambas miradas pueden complementarse.

Desde que comenzó a expandirse la inteligencia artificial generativa, comprendí que podía convertirse en una extraordinaria multiplicadora de capacidades individuales.

Una persona que posee conocimiento, experiencia, creatividad, criterio o habilidades profesionales puede utilizarla para llevar esas capacidades mucho más lejos.

Puede investigar con mayor rapidez, ordenar ideas, comparar posibilidades, automatizar tareas, mejorar procesos, analizar grandes cantidades de información y desarrollar proyectos que antes habrían requerido mucho más tiempo o recursos.

Sin embargo, esa misma capacidad multiplicadora funciona también en sentido contrario.

La inteligencia artificial no solo puede potenciar una habilidad. También puede potenciar un error, una interpretación equivocada, una visión sesgada o una seguridad que no cuenta con respaldo real.

Una persona puede creer que domina un tema, formular una pregunta desde una premisa incorrecta y recibir una respuesta perfectamente redactada que confirme su equivocación.

La forma puede ser impecable. El razonamiento puede parecer coherente. El contenido puede ser falso.

Y esa combinación es especialmente peligrosa.

 

El riesgo de una inteligencia artificial condescendiente

Uno de los aspectos que considero más complejos de estas herramientas es su tendencia a ser condescendientes con el usuario.

Muchas plataformas están diseñadas para sostener conversaciones fluidas, agradables y aparentemente útiles. Como consecuencia, pueden validar demasiado rápido la posición de quien pregunta, adaptar sus argumentos a lo que esa persona desea escuchar o continuar desarrollando una idea sin cuestionar suficientemente sus fundamentos.

En mi experiencia, algunas herramientas, particularmente Gemini, pueden resultar especialmente problemáticas en este aspecto.

No necesariamente porque exista una intención consciente de manipular, sino porque la forma en que acompañan el razonamiento puede conducir gradualmente al usuario hacia una interpretación determinada, mientras le produce la sensación de haber llegado a ella de manera completamente autónoma.

La manipulación no siempre se presenta como una orden. En ocasiones aparece como una validación constante.

Cuando una inteligencia artificial responde de manera excesivamente afirmativa, puede reforzar prejuicios, temores, errores de interpretación o ideas mal construidas. Incluso puede entregar argumentos adicionales para defender una conclusión que nunca fue correctamente comprobada.

 

El desafío es ser intelectualmente más exigentes que la máquina

Por eso, considero que el verdadero desafío de la inteligencia artificial es que debemos mantenernos intelectualmente por sobre ella en todo momento.

No se trata de competir con una máquina en velocidad de procesamiento, memoria o cantidad de información. Se trata de conservar una posición superior de observación.

Necesitamos supervisar sus respuestas, cuestionar sus premisas, identificar sus omisiones, solicitar perspectivas contrarias y detectar cuándo una conclusión se construye sobre información incompleta.

Debemos observar también cómo la herramienta puede ir guiando nuestro pensamiento y qué parte de nuestra interpretación le estamos entregando.

 

La verdadera habilidad no consiste solamente en saber pedirle cosas a una inteligencia artificial. Consiste en saber cuándo no creerle.

Una herramienta puede redactar una respuesta convincente y, al mismo tiempo, inventar una fuente, confundir una fecha, atribuir una opinión a la persona equivocada o construir una conclusión a partir de antecedentes insuficientes.

Por eso, utilizarla correctamente requiere atención, conocimiento y una actitud permanentemente crítica.

 

Sin conocimiento de base no existe verdadera supervisión

Para aprovechar responsablemente la inteligencia artificial necesitamos conocimiento previo.

Solo podemos reconocer una falsedad cuando conocemos suficientemente el tema o cuando tenemos la disciplina de contrastar lo que recibimos con documentos, especialistas y fuentes confiables.

La inteligencia artificial trabaja con conjuntos de datos limitados, decisiones de entrenamiento, jerarquías de fuentes, instrucciones internas y probabilidades estadísticas. Por esta razón, puede reproducir sesgos, invisibilizar perspectivas y presentar como consenso lo que en realidad corresponde únicamente a la interpretación más frecuente dentro de la información que tuvo disponible.

La inteligencia artificial no entrega la realidad. Entrega una construcción estadística de la realidad.

Esa construcción puede ser extraordinariamente útil, pero no es neutral, infalible ni completa.

La responsabilidad final sigue siendo humana.

Necesitamos revisar fuentes originales, comparar documentos, conocer perspectivas distintas y no aceptar una afirmación únicamente porque está expresada con claridad y seguridad.

Una respuesta ordenada no necesariamente es una respuesta completa.

Una frase convincente no necesariamente es verdadera.

Y una herramienta que coincide permanentemente con nosotros no necesariamente nos está ayudando.

 

La inteligencia artificial y el futuro del trabajo

La preocupación del clero por el desempleo que podría provocar la inteligencia artificial es comprensible y tiene fundamentos concretos.

Numerosas tareas administrativas, comunicacionales, analíticas y productivas ya están siendo automatizadas. Algunos cargos desaparecerán, otros se reducirán y muchas profesiones experimentarán transformaciones profundas.

Sin embargo, no creo que el resultado esté completamente determinado.

La historia de la tecnología también es la historia de cómo las personas han reorganizado el trabajo, creado nuevas actividades y utilizado las máquinas para ampliar sus posibilidades.

La inteligencia artificial puede utilizarse para concentrar poder, reemplazar trabajadores, reducir costos sin consideración social y deteriorar las relaciones humanas. Pero también puede ayudar a disminuir tareas repetitivas, democratizar conocimientos, mejorar la productividad de pequeñas organizaciones y liberar tiempo para actividades donde la presencia humana es indispensable.

La diferencia no estará solamente en la tecnología, sino en las decisiones económicas, políticas, empresariales y culturales que tomemos respecto de ella.

Decir que una tecnología inevitablemente destruirá el trabajo significa renunciar anticipadamente a nuestra responsabilidad de orientarla.

El futuro no está completamente contenido en un algoritmo. Dependerá de quién controle estas herramientas, con qué objetivos y bajo qué principios.

 

Tecnología para generar puentes y no cortes de comunicación

La inteligencia artificial puede cortar la comunicación cuando reemplaza la conversación, la escucha, el desacuerdo y el encuentro entre personas.

Pero también puede generar puentes.

Puede ayudarnos a expresar una idea que no sabíamos ordenar, comprender información compleja, comunicarnos con personas que hablan otros idiomas, acceder a conocimientos antes reservados a especialistas y desarrollar proyectos que individualmente habrían requerido recursos imposibles.

Puede potenciar a una persona, una empresa, un emprendimiento, una organización social o una comunidad educativa.

La tecnología no tiene por qué alejarnos de nuestra humanidad. Pero tampoco nos acercará automáticamente a ella.

Para que se transforme en una fuerza humanizadora necesitamos intención, formación, criterio y límites.

Debemos decidir qué funciones estamos dispuestos a delegar y cuáles debemos conservar; qué procesos conviene acelerar y cuáles necesitan tiempo; qué decisiones pueden recibir asistencia técnica y cuáles exigen conciencia, experiencia y responsabilidad personal.

 

La inteligencia artificial no elimina nuestra responsabilidad: la aumenta

Después de escuchar al cardenal Chomalí, no salí pensando que debamos rechazar estas herramientas.

Salí pensando que debemos utilizarlas con mucha más conciencia.

La inteligencia artificial puede multiplicar nuestras mejores cualidades, pero también nuestras limitaciones. Puede abrir espacios para la creatividad o encerrarnos en nuestros propios sesgos. Puede ampliar el conocimiento o producir una apariencia de conocimiento que nos haga dejar de aprender.

Mientras más poderosa sea la herramienta, más despierta debe permanecer la persona que la utiliza.

No basta con aprender a escribir instrucciones o formular buenos prompts. Tenemos que educarnos para observar cómo una respuesta puede guiar nuestro pensamiento, qué antecedentes faltan, qué fuentes fueron excluidas y qué parte del trabajo intelectual estamos dejando de realizar.

La inteligencia artificial puede acompañarnos, asistirnos y ampliar nuestras capacidades.

Pero no debería reemplazar nuestra conciencia, nuestra sensibilidad ni nuestra responsabilidad.

Lo Tal vez esa sea la conversación más importante que debemos sostener hoy: no solamente si las máquinas llegarán a ser más inteligentes, sino si nosotros estaremos dispuestos a seguir pensando, aprendiendo y decidiendo por nosotros mismos.

 

 

Socia fundadora h2o 1996. Gerente General Agencia de Marketing Digital h2o Studio. Encargada de Estrategia en Redes Sociales y Calidad. Diseñadora en Comunicación Visual. Diseñador Gráfico Computacional. Diplomado en Dirección de Proyectos e Innovación. Consultora en Marketing Digital. Experta en Redes Sociales y Herramientas Digitales